sábado, 23 de junio de 2012


EN BUSCA DE UNA IDENTIDAD CIENTÍFICA EL FÚTIL DEBATE METODOLÓGICO EN LA CIENCIA POLÍTICA.

 Pablo A. Valenzuela.



You may have heard the world is made up of atoms and molecules, but it's really made up of stories. When you sit with an individual that's been here, you can give quantitative data a qualitative overlay. — William Turner.


INTRODUCCIÓN.

Pareciera ser que cada cierto tiempo la ciencia política, en particular, pero las ciencias sociales en general intentan retomar un camino de positivización

Mediante el cual buscan rechazar las metodologías cualitativas para entronizar los métodos cuantitativos como única forma de acercarse a la realidad. En el presente ensayo intentamos defender la idea que el debate en torno a las metodologías resulta insulso para la el trabajo científico y disciplinar de la ciencia política y, si bien la metodología que se use resulta importante, sería secundaria cuando se evalúan también las necesidades epistemológicas de la investigación y el sustento teórico que posee.

SOBRE LA IDEA DE CIENCIA PARA LA CIENCIA POLÍTICA.

Resulta interesante cuando Sartori (2004: 350) señala las ideas que lo llevaron a promover hace más de 50 años la idea de ciencia política, en lugar de estudios políticos o de gobierno a los que se aferran las universidades británicas y de Europa continental. La existencia de un lenguaje común y especializado entre la comunidad científica y las bases metodológicas ad hoc y rigurosas son parte esencial del trabajo científico, señala Sartori.
 Toda ciencia que se precie como tal debe aspirar al menos a tener esos componentes. Lo que Sartori no toma en cuenta en su crítica al realce de los métodos cuantitativos a partir del auge de la ciencia política americana es que la ciencia desde un punto de vista estrictamente positivo, y por tanto vigente en los años 40 y 50, debe ser capaz de generar teorías explicativas generales y leyes que den cuenta de relaciones constantes entre variables, de modo que permitan trascender a los hechos experienciales del observador(Bunge, 2005. 18-20) De ahí se desprenden una serie de principios que para las ciencias sociales terminan actuando como barreras de entrada, cuál más alta que la anterior, en su camino por aspirar a ser reconocidas por las ciencias positivas como igual de rigurosas en la creación de conocimiento. Por ejemplo, la sola posibilidad de formular leyes ya invalida el intento se positivizar a las ciencias sociales. Landman (2008: 15) dice que la naturaleza de la evidencia que podemos recolectar en ciencia política hace que existan sólo tres leyes reconocidas: La ley de hierro de la oligarquía, la ley de Duverger en cuanto a sistemas de partidos y magnitud de distrito, y la ley de la paz democrática.



Entonces, parece un hecho que en un intento por ajustarse al paradigma positivista, en el que sólo los hechos sensibles y por derivación medibles puede ser objetos de estudio científico (Alvesson & Sköldberg, 2009), las ciencias sociales viraron hacia el cuantitativismo aplicando la filosofía de la ciencia propia de la ciencias naturales (Salas,2011), lo que queda en evidencia en las críticas que Sartori hace a la escuela norteamericana de ciencia política y su obsesión por cuantificar. Y es que claro, el positivismo dirá que sólo lo cuantificable puede ser fuente de conocimiento científico. La idea que se instala al autodenominarse ciencia es el prototipo al que se debe aspirar, ya sea con la economía como modelo significante‒aspecto con el que no comulgamos‒o con las ciencias naturales y su método y filosofía. Por tanto, no es extraño que al interior de la ciencia política, pero también en la sociología, los métodos estadísticos y el conductismo como enfoque se hayan empezado a instalar como hegemónicos. Sin embargo, al asumir esa noción de ciencia –positiva y dura– debemos tomar en cuenta que también se constituye como un ideal de conocimiento, es decir, aquel que es capaz desconocer todo cuanto hay en el universo mediante el planteamiento de ciertas leyes, algo como el demonio de La place que conocería el devenir de todo lo que existe en un mundo completamente determinado por unas cuentas ecuaciones. Estas ideas en las ciencias originarias, asentados sobre las ideas newtonianas y el positivismo lógico se han superado –o están en una etapa muy avanza de superación (Acevedo, 2011)Habiendo dicho esto, parece plausible señalar que tiene poco sentido intentar darle un cuerpo positivo a las ciencias sociales y en particular a la ciencia política, en la medida quelas propias ciencias duras están renunciando a esas ideas, asumiendo tanto una realidad más azarosa y caótica en ciertas porciones de la realidad, como también el rol que el observador juega en su papel de investigador de esa realidad (Acevedo, 2011: 279).


 En consecuencia si hemos de discutir la identidad científica de la ciencia política, derivar por el método pareciera llevarnos por derroteros inciertos que retrotraen la discusión más general sobre las ciencias y cuyo aporte es escaso al fortalecimiento epistemológico de la ciencia política. Lo llamativo de este tránsito desde el positivismo lógico hacia formas menos rígidas de buscar el conocimiento es que se salta al extremo opuesto y se rechaza todo cuanto huela a mediciones cuantitativas de la realidad, en un intento aparente por capturar toda la complejidad social. Tampoco creemos que eso sea lo correcto y que tengamos que abanderarnos por las metodologías cuantitativas o cualitativas, incluso, denostando a las segundas por poco científicas (King, Keohane, & Verba, 2000), pues pareciera ser que lo cierto es que cada uno de los métodos nos ofrece un acercamiento particular a la realidad observada y son más las bases epistemológicas que los métodos en sí mismos los que nos permiten estudiar una porción de la realidad. Así por ejemplo, cuando Colomer (2004: 357) nos habla de la enorme cantidad de ejercicios estadísticos sin rumbo que no tienen en cuenta ni la hipótesis ni la teoría que los sustenta, no nos está diciendo que cuantificar los fenómenos sea un hecho negativo per se, sino más bien, como señala luego el autor (2004: 359) el problema está en la ausencia de definiciones y clasificaciones adecuadas. Resistir la cuantificación puede ser tan dañino como cuantificar todo, y avanzar en un trabajo cualitativo sin la suficiente generación teórica yde definiciones y clasificaciones adecuadas puede terminar siendo igual de perjudicial para la generación de una identidad al interior de la ciencia política y de un conocimiento riguroso de lo político, aspecto al que aluden tanto Sartori como Colomer. Más todavía, pues siguiendo a Boix y Stokes (2007) las preguntas que la ciencia política yque en general, las ciencias sociales, buscan responder parecen demasiado complejas comopara restringirlas a sólo un método, lo que no quiere decir que todo valga, sino más bien que es necesario tomar en cuenta las ventajas y dificultades de cada uno de los métodos para acercarse a la realidad y analizar los procesos políticos. Huelga responder, en consecuencia, que si no es por los métodos que una disciplina puede ser clasificada como más o menos científica, cuáles son los elementos que permiten construir esa identidad.


Es interesante partir, por ejemplo, de tres premisas generales que podrían ser aplicables a todas las ciencias sociales (Pennings, Keman, & Kleinnijenhuis, 2006: 5). Primero, desarrollar conocimiento sistemático que trascienda la mera descripción y permita la generalización, es decir, validez externa. En segundo lugar, derivarres puestas a las preguntas sobre la base de teoría existente o, de ser posible, de hipótesis plausibles. Como tercer punto, la búsqueda de la información exacta y de indicadores comparables que estén abiertos a la replicación. Así también, en Landman (2008: 21) se señala que el debate metodológico es falso en la medida que a través de ambos métodos se pretenden hacer inferencias válidas con la información disponible. Llegamos, por lo tanto, a concluir que lo que necesitamos en el trabajo científico es rigurosidad epistemológica y, a partir de esa rigurosidad, sería posible derivar los métodos que sean adecuados para el desarrollo de inferencias válidas. De lo contrario, la discusión metodológica termina asimilando la disciplina a un castillo en el aire sin ninguna fundación y, peor aún, pues si invalidamos una forma de acercarse a la realidad, sea cualitativa o cuantitativa, generamos voluntariamente un punto ciego que puede llegar a ser muy significativo y que quizás nos prive de muchas de las respuestas que deseamos elaborar para terminar construyendo algo parecido a una identidad en la ciencia política. Pues, a modo de conclusión, es interesante señalar, como dice Turner, que el mundo, más que de moléculas y átomos, está hecho de historias.



Bibliografía

Acevedo, C. (2011). Acuerdos comunes de validez: Diálogo entre la metodología cualitativa y cuantitativa.

Cinta de moebio, 276-287.Alvesson, M., & Sköldberg, K. (2009).

Reflexive Methodology: New Vistas for Qualitative Research.

Londres: SAGE Publications.Boix, C., & Stokes, S. (2007). Introduction. En C. Boix, & S. Stokes,

The Oxford Handbook of comparative politics

(págs. 3-23). New York: Oxford University Press. Bunge, M. (2005).

La ciencia: Su método y su filosofía.

Buenos Aires: Editorial Sudamericana. Colomer, J. (2004). La ciencia política va hacia adelante (por meandros tortuosos). Un comentario a Giovani Sartori.

Política y gobierno, 355-359.King, G., Keohane, R., & Verba, S. (2000).

El diseño de la investigación social: La inferencia científica en los estudios cualitativos.

Madrid : Alianza editorial. Landman, T. (2008).

Issues and methods in comparative politics: An introduction.

Londres -Nueva York: Routledge. Pennings, P., Keman, H., & Kleinnijenhuis, J. (2006).

Doing research in political science: An introduction to comparative methods ans statistics.

Londres: SAGE Publications. Salas, H. (2011). Investigación cuantitativa (monismo metodológico) y cualitativa(dualismo metodológico): El status epistémico de los resultados de la investigación en las disciplinas sociales.

Cinta de moebio, 1-21.Sartori, G. (2004). ¿Hacia dónde va la ciencia política?

Política y gobierno V.11 N.2, 349-354.

No hay comentarios:

Publicar un comentario